Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —En realidad no soy muy entendida —dijo Daiyu—. Como el otro dÃa me sentÃa un poco mejor, me puse a rebuscar entre los libros del estante grande y encontré un juego de partituras para cÃtara que me llamó la atención. Hay en ellas una clara exposición de la teorÃa musical e instrucciones precisas para ejecutar las melodÃas. La cÃtara fue un arte que los hombres de la antigüedad utilizaron para conseguir la quietud y cultivar los dones naturales. En Yangzhou veÃa con aplicación cómo ejecutaban el instrumento y aprendà a hacerlo yo también, pero luego desistÃ. Como dice el refrán: «Tres dÃas sin tocar, y las manos se llenan de espinas». Al leer las partituras el otro dÃa advertà que no habÃa palabras en la música, sólo en el tÃtulo. Entonces busqué por otro lado una partitura que tenÃa letra además de música, lo cual la hacÃa más interesante. En realidad, tocar bien es muy difÃcil. Lo dicen los libros: cuando el músico Kuang tocaba la cÃtara lograba convocar al viento y al trueno, a los dragones y a los fénix. Hasta el sabio Confucio aprendió del músico Xiang, y apenas ejecutó una pieza comprendió que aquélla era la música del rey Wen. Atravesando montañas y corrientes se encuentra a quien comprende tu música[7].
Y luego Daiyu pestañeó y, muy lentamente, inclinó la cabeza.
A esas alturas Baoyu ya estaba entusiasmadÃsimo.