Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —No —dijo ella—. La cítara es un instrumento tabú[9]. Los antiguos hacían música para inducir el autocontrol, refrenar la pasión, anular la lascivia y el derroche. De modo que quien desee tocarla ha de elegir algún estudio elevado y tranquilo, en lo más alto de un pabellón situado en medio del bosque, entre rocas, o en la cumbre de una montaña o a la orilla de un arroyo con viento fresco y luna clara. Allí se ha de quemar incienso y tomar asiento con gran tranquilidad, la mente en blanco, la respiración regular, de modo que el músico llegue a integrarse en un solo espíritu con los dioses y armonizarse con el Dao. Por esto los antiguos decían: «Es difícil encontrar a alguien que comprenda la música». Cuando la gente que está escuchando no comprende, uno debe tocarle a la brisa fresca y a la luna brillante, a los pinos verdes y a las rocas de formas extrañas, a los monos salvajes y a las grullas viejas, transmitiendo las emociones en soledad para no ser ingrato con la cítara. Además, hace falta técnica en los dedos, alcanzar un buen sonido. Antes de tocar, uno debe vestirse apropiadamente con una capa de plumas de grulla o una túnica de ceremonia, para así ser digno de este instrumento de sabios; hecho lo cual ha de lavarse las manos, quemar incienso, y sentarse levemente con la cítara reposando sobre el escritorio y la quinta nota apuntando hacia su corazón. Las manos deben levantarse tranquilamente; sólo así el corazón y el cuerpo adoptan la postura correcta. Además hay que tocar el instrumento con la fuerza y velocidad adecuadas, y el gesto solemne.