Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —¡Pero si sólo aprenderÃamos para entretenernos! —exclamó Baoyu—. Si ponemos tanta exigencia resultará muy difÃcil.
En medio de aquella charla habÃa entrado Zijuan.
—¡Hoy está de buen humor, señor Bao! —comentó.
—La explicación de mi prima alivia todas las tribulaciones. Jamás me cansarÃa de escucharla —le dijo él.
—No es eso lo que quise decir —dijo la doncella—. Me refiero al buen humor que le ha hecho venir hoy aquÃ.
—Mientras estuvo enferma no quise molestarla; además, tenÃa que ir a la escuela. Por eso he dado esa impresión de apartamiento.
—La señorita Lin ha mejorado un poco —interrumpió Zijuan—. DeberÃa dejarla descansar y no fatigarla.
—Como estaba entusiasmado escuchándola se me olvidó que podÃa estar cansada.
—Discutir estas cosas no cansa, más bien entretiene —dijo Daiyu sonriendo—. Sólo temo que, por más explicaciones que te dé, no comprendas.
—Ya lo iré captando poco a poco. —Y, poniéndose en pie, añadió—: Será mejor que descanses, mañana pediré también a Tanchun y Xichun que aprendan a tocar la cÃtara para mÃ.