Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Piensas demasiado en procurarte placer —se rió Daiyu—. Aunque todas aprendiéramos a tocar la cÃtara, si tú no comprendes habrÃa que pensar en refrán que dice: «Tocar la cÃtara para un…»[10]. —Y ahà se interrumpió.
—Mientras sepáis tocar y yo pueda escuchar, no me importará que me consideréis un buey —dijo alegremente Baoyu completando la cita.
Sonrojándose, Daiyu sonrió. Zijuan y Xueyan soltaron una carcajada.
Ya estaba saliendo Baoyu cuando apareció Qiuwen con una doncella más joven, que cargaba un pequeño búcaro lleno de orquÃdeas.
—Alguien envió cuatro búcaros de orquÃdeas a Su SeñorÃa —anunció—, y allà no pueden disfrutarlas porque están demasiado ocupadas, asà que Su SeñorÃa nos dijo que llevásemos uno al señor Bao y otro a la señorita Lin.
Daiyu advirtió que algunos tallos tenÃan dos flores y se conmovió sin saber bien si a causa de la alegrÃa o de la tristeza. Baoyu se fijaba en ella, pero su mente seguÃa ocupada en el asunto de la cÃtara.
—Ahora que tienes estas orquÃdeas, prima —dijo—, puedes tocar la tonada La orquÃdea solitaria.