Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —¡Pamplinas! —le replicó Xifeng—. Aquà no permitimos ese tipo de charlas sobre fantasmas y espÃritus. Nunca he creÃdo en tales historias. ¡Lárgate, rápido!
La doncella se retiró inmediatamente.
Acto seguido Xifeng hizo que Caiming revisara las cuentas del dÃa, tarea que fue concluida hacia la segunda guardia. Tras charlar con todas un momento, las despidió y se retiró a dormir.
Hacia la medianoche, en medio de un sueño agitado, Xifeng se puso a tiritar y despertó sobresaltada. Como el temblor era cada vez más acusado, se sorprendió llamando a Pinger y Qiutong para que le hiciesen compañÃa. En otros tiempos Qiutong hubiera desafiado a Xifeng, pero se habÃa vuelto más obediente desde que Jia Lian empezara a comportarse como si no la quisiera como antes, por el asunto de la segunda hermana You. Xifeng se habÃa esforzado por ganársela, aunque carecÃa de la devoción por su señora que caracterizaba a Pinger, y su amabilidad no pasaba de ser aparente. Ahora que Xifeng estaba indispuesta, Qiutong le llevó té.
—Gracias. —Xifeng tomó un sorbo—. Ahora vuelve a tu cama. Basta con que Pinger se quede aquÃ.
Sin embargo, para complacerla, Qiutong dijo:
—Si no logra dormir, señora, nos turnaremos para sentarnos a su lado.