Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —No quiero comer, no me siento bien —respondió él—. Empezad sin mÃ.
—En tal caso será mejor que se quite la capa o la arrugará.
—No importa.
—No deberÃa estropearla, no sólo porque es muy delicada, sino porque fue Qingwen quien hizo esos bordados.
Aquel comentario le afectó vivamente y, dando un suspiró, dijo:
—Muy bien, envuélvela con cuidado y guárdala. ¡Nunca volveré a ponérmela!
Y se puso de pie para despojarse de la capa. Él mismo la plegó antes de que Xiren pudiera tocarla.
—¡Vaya, señor Bao! —exclamó ella—. ¿A qué se debe tanta laboriosidad y cuidado?
Pero en lugar de responder, él preguntó a su vez:
—¿Dónde está la funda?
Sheyue se la alcanzó inmediatamente, y mientras hacÃa un paquete con la capa la doncella le guiñó un ojo a Xiren.
Luego se sentó solo, abatido, ignorando a todas las muchachas. Cuando sonó el reloj del aparador vio que eran las cinco y media. Momentos después llegó una joven doncella a encender la lámpara.