Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —No, ayer pedà un dÃa de asueto. Hoy quisiera pasear por el jardÃn. Sólo temo que haga frÃo. Que limpien un cuarto y dispongan un poco de incienso, asà como papel, tinta, tintero y un pincel. Luego, vosotras podréis dedicaros a vuestras tareas mientras yo me quedo sentado tranquilamente un rato. No que me molesten.
—¿Quién se atreverÃa a molestarlo cuando usted quiere estudiar tranquilamente? —protestó Sheyue.
—Es buena idea —asintió Xiren—. Asà no pescará un catarro y no se distraerá. Pero, dÃgame, ¿qué comerá hoy si ha perdido el apetito? DÃganoslo con tiempo para que podamos avisar a la cocina.
—Comeré cualquier cosa, no hagáis de eso un problema. Eso sÃ, me gustarÃa que pusieran un poco de fruta en el cuarto para perfumarlo.
—¿Cuál serÃa el mejor cuarto? —se preguntó Xiren—. En realidad el único limpio es el que usaba Qingwen, ya que por allà no va nadie. El único inconveniente es que puede resultar algo frÃo.
—Eso no es problema —dijo él—. Basta con que coloquéis allà un brasero.
Ella se mostró de acuerdo.
Mientras charlaban, una joven doncella trajo un plato, un tazón y un par de palillos, todo lo cual entregó a Sheyue diciéndole:
—La señorita Xiren acaba de pedir esto, y la vieja de la cocina lo ha traÃdo.