Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo Sheyue vio que era un tazón de sopa de nido de salangana.
—¿Tú has pedido eso? —le preguntó a Xiren.
—Anoche no cenó y ha pasado toda la noche en vela —explicó Xiren—. Supuse que esta mañana tendría el estómago vacío y pedí a las muchachas que ordenaran a la cocina prepararlo.
Pidió a las doncellas más jóvenes que trajeran una mesa, y Sheyue atendió a Baoyu mientras éste terminaba su sopa y se enjuagaba la boca. Entonces entró Qiuwen.
—El cuarto ya está ordenado —dijo—, pero será mejor que antes de entrar el señor Bao espere a que el carbón deje de humear.
Baoyu hizo un gesto de asentimiento con la cabeza. Estaba tan abismado en sus cavilaciones que ni siquiera respondió.
Poco después entró una doncella anunciando:
—Ya están listos los útiles de escritorio.
—Bien —dijo él.
Y otra muchacha anunció:
—El desayuno está listo. ¿Dónde lo tomará, señor?
—Tráelo aquí, es lo más fácil.
Ella asintió y salió a traer la comida.
Baoyu comentó sonriendo a Xiren y Sheyue: