Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Me siento tan deprimido… Dudo que pueda comer algo si me quedo solo. ¿Por qué no desayunáis conmigo? Comeré más si os veo disfrutando.
—Puede que la idea le guste a usted, señor Bao —se rió Sheyue—, ¡pero nosotras no nos atrevemos a hacerlo!
—En realidad no tiene tanta importancia. Tampoco es la primera vez que le hacemos compañÃa mientras come. Sin embargo, sólo se nos permite hacerlo ocasionalmente con objeto de levantarle el ánimo, joven señor. ¡De no ser por esto, ya no existirÃa ninguna regla de buena conducta que nos obligara!
Los tres tomaron asiento, Baoyu en el lugar principal y las muchachas a ambos lados. Cuando hubieron concluido el desayuno una joven doncella les trajo té para que se enjuagaran la boca e hicieron quitar la mesa.
Baoyu se perdió de nuevo en sus cavilaciones, con la taza en la mano.
—¿Está preparado ese cuarto? —preguntó inmediatamente.
—Ya le hemos dicho que sà —dijo Sheyue—. ¿Por qué pregunta otra vez?
Un momento después se encaminó al cuarto de Qingwen, prendió una varilla de incienso y ordenó que le fueran llevadas unas frutas. Despidió a todas las doncellas y cerró la puerta. Xiren y las demás muchachas que quedaron fuera se esforzaron por permanecer muy calladas.