Sueño en el pabellón rojo

Sueño en el pabellón rojo

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Al día siguiente Daiyu se levantó temprano, y en lugar de llamar a sus doncellas permaneció allí, sumida en Sus pensamientos. Cuando Zijuan despertó y vio que ella ya se había levantado, exclamó sorprendida:

—¡Señorita, se ha levantado muy temprano!

—Lo sé —dijo—. Es que me fui a la cama temprano.

Zijuan se levantó de inmediato y despertó a Xueyan para que ayudara a Daiyu con su aseo matinal. Pero ésta se puso a mirar perdidamente el espejo y pronto estuvo llorando de forma tan copiosa que empapó su pañuelo de seda. En verdad:

En las aguas primaverales se refleja su silueta enflaquecida.

¡Compadécete de mí, le dice a su reflejo, yo también te tengo lástima[12]!

Zijuan refrenó el impulso de consolarla, temerosa de que su gesto empeorara las cosas. Pasó un tiempo antes de que Daiyu emprendiera su aseo, pero lo hizo sin ánimo y con las lágrimas corriendo por sus mejillas. Permaneció sentada allí un rato más.

—Enciende una varilla de incienso tibetano —le dijo entonces a Zijuan.

—Casi no ha dormido, señorita. ¿Para qué quiere incienso? ¿Para copiar más sutras?

Daiyu hizo un gesto de asentimiento con la cabeza.


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