Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Señorita, se ha levantado demasiado temprano —protestó Zijuan—. Temo que si se pone a copiar sutras ahora se fatigue demasiado.
—No te preocupes. Cuanto antes termine, mejor. Además, no estoy pensando en el sutra, sino en la caligrafÃa, que me ayudará a distraerme. Y más tarde, cuando vean mi caligrafÃa, será como verme nuevamente. —Y lloró otra vez.
Sabiendo que resultarÃa inútil razonar con ella, Zijuan no logró reprimir su propio llanto.
Una vez decidida a arruinar su salud, Daiyu no aceptó alimentarse convenientemente y pasó a comer cada dÃa menos. Baoyu a menudo sacaba tiempo para visitarla después de la escuela; pero aunque habÃa tantas cosas que ella anhelaba decirle, ahora que ya no eran niños le resultaba muy difÃcil gastarle bromas como antes o expresar sus sentimientos más Ãntimos. También él deseaba abrir su corazón para consolarla, pero temÃa ofenderla y agravar su mal, de modo que en cada encuentro sólo alcanzaban a expresar sus preocupaciones del modo más superficial. Realmente era un caso de intimidad que conducÃa al distanciamiento.