Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —A mi juicio hay que cortar ese arbusto —dijo Jia She—. Debe ser algún espÃritu floral provocando problemas.
—«Ignora a un espÃritu y se destruirá a sà mismo» —sentenció Jia Zheng—. Déjalo. No hay necesidad de cortarlo.
—¿Quién dice esas tonterÃas? —protestó su madre—. Esto es algo bueno, un buen augurio; no hay espÃritus aquÃ. Si de esto sale algún bien, podréis disfrutarlo. Si resulta un mal, yo me haré cargo. ¡Pero no toleraré que sigáis diciendo tales sandeces!
Lo cual acalló a Jia Zheng, que, afrentado, se retiró con Jia She.
Entonces la Anciana Dama, de excelente humor, les ordenó que cursaran instrucciones a la cocina para que se preparase inmediatamente un festÃn, de manera que todos pudiesen disfrutar de la vista de las flores.
—Baoyu, Huan y Lan, vosotros debéis escribir un poema cada uno para conmemorar el feliz acontecimiento —decretó—. Daiyu acaba de salir de su enfermedad, asà que no debemos causarle cansancio mental; pero si está con ánimo puede pulir vuestros versos. —A Li Wan le dijo—: Las demás, bebed conmigo.
Li Wan asintió y luego le dijo picaramente a Tanchun:
—Todo esto es culpa tuya.