Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo Aquel día Baoyu estaba descansando abrigado con una bata forrada de piel, cuando advirtió que las begonias habían florecido y salió a contemplarlas a ratos con admiración, a ratos con melancolía y aun con ternura; todo ello despertó en él sentimientos encontrados de júbilo y dolor, separación y encuentro, y todo por aquellas flores. La súbita noticia de que llegaba la Anciana Dama le hizo mudarse de ropa y ponerse una chaqueta de arquero hecha de piel de axila de zorro y un abrigo de piel de patas de zorro negro. Salió tan aprisa a darle la bienvenida que olvidó colgarse del cuello su precioso Jade de las Comunicaciones Trascendentales. Sólo cuando la Anciana Dama hubo partido puso de nuevo la bata, advirtió Xiren que el colgante no estaba en su sitio habitual.
—¿Dónde está su jade?
—Me cambié tan aprisa que en lugar de ponérmelo lo dejé encima de la mesita que hay sobre el kang.
Xiren miró allí, pero no lo vio. Revisó el cuarto sin encontrar ni rastro del objeto. La consternación le produjo un sudor frío.
—No te preocupes —dijo Baoyu—. Ha de estar en la habitación. Pregunta a las demás. Tienen que saberlo.
Se le ocurrió a Xiren que una de las muchachas lo había ocultado para fastidiarla.