Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —¡Tramposas! —dijo en tono juguetón a Sheyue y las demás—. ¿Qué clase de broma es ésta? ¿Dónde lo habéis escondido? ¡Si realmente se perdiera serÃa el fin de todas nosotras!
—¿De qué hablas? —le respondieron con mucha seriedad—. Las bromas están bien, pero éste no es un asunto de broma. No digas tonterÃas. ¡Te estás volviendo loca! Lo que tienes que hacer es pensar bien dónde lo has puesto, antes de acusarnos a nosotras.
—¡Cielos! Bodhisattva, pequeño antepasado —exclamó Xiren, llena ahora de ansiedad al advertir la vehemencia de sus compañeras—, ¿dónde lo puso exactamente?
—Recuerdo con claridad que lo puse encima de ésa mesa —insistió Baoyu—. Búscalo bien.
Sin atreverse a comunicarlo a la gente de fuera, Xiren, Sheyue y Qiuwen rebuscaron discretamente el lugar entero sin atreverse a contárselo a nadie. Buscaron y buscaron durante horas, llegando a volcar cajas y cajones hasta que no quedó dónde buscar. Pero todo en vano. Cuando el jade fue dado por definitivamente perdido, se preguntaron si no habrÃa sido escamoteado por alguno de los visitantes que por allà habÃan pasado ese dÃa.
Xiren dijo: