Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Todos saben que ese jade vale una vida, ¿quién se atreverÃa a llevárselo? Por lo que más queráis, no se os ocurra decir una palabra de esto. Lo mejor es que vayáis a hacer indagaciones por los demás aposentos. Si alguna muchacha lo cogió para jugarnos una mala pasada, haced un koutou ante ella y suplicadle que nos lo devuelva. Y si descubrÃs que fue robado por una de las doncellas jóvenes, no informéis a las señoras, y dadle a cambio cualquier cosa que solicite. ¡Éste no es un asunto trivial! ¡Si realmente se ha perdido, es más grave que perder al propio señor Bao!
Cuando Sheyue y Qiuwen partÃan, las siguió con una advertencia final:
—No empecéis preguntando a las que vinieron al banquete. Si no llegamos a encontrarlo, con eso sólo conseguiremos causar más problemas y empeorar las cosas.
Sheyue y Qiuwen asintieron y, cada una por un lado, partieron a hacer pesquisas. Pero nadie habÃa visto el jade y todas se mostraron alarmadas. Cuando las dos volvieron, traÃan los ojos desencajados y la mirada perdida. Para entonces también Baoyu estaba alarmado, y Xiren sólo atinaba a sollozar desesperada. El jade se habÃa esfumado y nadie se atrevÃa a informar del suceso. Todos los habitantes del patio Rojo y Alegre estaban petrificados.