Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo Y allí estaban, descompuestos, cuando llegaron unas cuantas personas que ya habían oído hablar de la pérdida. Tanchun ordenó cerrar la puerta del jardín y envió a una vieja criada con dos jóvenes doncellas a emprender una nueva búsqueda exhaustiva, prometiendo una sustanciosa recompensa a quien diera con el jade. La ansiedad por salir del aprieto y recibir una recompensa intensificó la búsqueda de todos; llegaron incluso a revisar las letrinas. Pero era como buscar una aguja en un pajar. Buscaron inútilmente el día entero.
—Esto no tiene gracia —dijo Li Wan en su desesperación—. Tengo una propuesta tajante que hacer.
—¿De qué se trata? —preguntaron.
—Hemos llegado a un punto en que no podemos pararnos en delicadezas. Ahora bien, aparte de Baoyu todas en el jardín somos mujeres. Voy a pedir que todas las muchachas, hermanas o primas, hagan desvestirse a sus doncellas para ser registradas. Si el jade no aparece pediremos a las doncellas que registren a las criadas que hacen el trabajo pesado. ¿Qué decís a eso?
—Es una idea —asintieron—. Son tantas que hay de todo entre ellas, entre los dragones se cuelan peces; sería un medio de librarlas de cualquier sospecha.
Sólo Tanchun se abstuvo de hacer comentarios.