Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —¡Pierden ese objeto y en lugar de buscarlo se dedican a interrogar a Huan a mis espaldas! —gritaba—. Lo he traÃdo para entregárselo a toda esta pandilla de aduladores. ¡Pueden matarlo o cortarlo en trocitos, como deseen!
Y empujó a Huan hacia delante.
—Eres un ladrón —exclamó—. Confiesa, rápido.
Entonces Huan, humillado, se echó a llorar.
Antes de que Li Wan pudiera apaciguarlos, una doncella anunció:
—Aquà llega la señora.
Xiren y las demás doncellas desearon ser tragadas por la tierra, pero tuvieron que salir con Baoyu a toda prisa para recibirla. La concubina Zhao fue con ellos, temerosa por el momento de seguir dejando suelta la lengua. Cuando la dama Wang advirtió el estado de pánico en qué se encontraban, comprendió que el rumor que habÃa llegado hasta ella era cierto.
—¿Realmente se ha extraviado el jade? —preguntó.
Nadie se atrevió a responder.
La dama Wang entró, tomó asiento y luego mandó llamar a Xiren, que en su confusión cayó de rodillas con lágrimas en los ojos.