Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —De nada sirve preocuparse por asuntos de dinero, madre —la consoló Baochai entre sollozos—. Ya se encargará de todo el primo Ke. ¡Pero qué odiosa es la servidumbre! Apenas ven decaer a nuestra familia, sólo se preocupan de su propio beneficio. Incluso he oÃdo decir que algunos invitan a gente ajena a la casa para que acudan a exprimirnos. Todo lo cual demuestra que durante todos estos años mi hermano no ha hecho más amigos que los de la timba y la juerga, y no hay ni uno capaz de socorrerlo en este momento de dificultad. Madre, si siente por mà algún amor siga mi consejo y cuide su salud, ahora que se ha hecho mayor. No creo que nunca llegue a pasar frÃo o hambre. Los muebles que hay aquà tendrá qué dejárselos a mi cuñada. En cuanto a los sirvientes, no creo que quieran quedarse junto a usted, asà que, si piden marcharse, permÃtaselo y que se vayan en buena hora. A la pobre Xiangling, que ha llevado una vida tan dura, tendrá que mantenerla a su lado. Si llegara a faltarle algo yo correrÃa en su ayuda dentro de mis posibilidades. No creo que Baoyu se oponga a ello. Xiren también es una buena persona. Cuando se enteró de nuestras dificultades, cada vez que oÃa hablar del asunto de mi hermano se le saltaban lágrimas por usted. En cuanto a aquel hombre mÃo, no está preocupado, pues no sabe nada de lo que ocurre. Si lo supiera, seguro que se sentirÃa espantado…