Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Sé bondadosa y no se lo digas —la interrumpió la tÃa Xue—. Casi ha estado a punto de no sobrevivir a su prima Lin, y todavÃa se está recuperando. Si algo llegara a sucederle, tú tendrÃas más preocupaciones y yo menos parientes en quienes apoyarme.
—Eso mismo creo yo —concluyó Baochai—. Por eso no le he dicho nada.
En ese momento, en el gran salón central donde madre e hija mantenÃan esta conversación, irrumpió Jingui dando alaridos:
—¡Quiero morirme! ¡Quiero acabar de una vez! ¡Mi hombre está condenado a muerte! ¡Vayamos las tres ante el patÃbulo, a que nos maten también!
Y una vez y otra se golpeaba la cabeza contra el delgado tabique, con lo que, por cierto, sólo conseguÃa alborotar su cabellera. La tÃa Xue la miró fijamente, la furia le impedÃa articular palabra y fue Baochai quien, con suma amabilidad, aconsejó a Jingui que se tranquilizase. Pero ésta, con sonrisa despectiva, le replicó:
—¡Querida cuñada, tu condición en esta casa ya no es la que era! Ahora vives rodeada de comodidades con ese esposo tuyo, mientras yo tengo que valerme por mà misma. ¡Ya no tengo razón para mantener las apariencias! —Y amenazó con salir corriendo de regreso al lado de su madre.