Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Respetuosamente me inclino ante el Taiji y el Cielo y la Tierra, que se comunican y transforman. Aparecen el Diagrama y el Escrito y los cambios se producen sin fin, actúan santos y sabios y dan certeras respuestas de salvación[3]. Ante mí, el devoto funcionario de la familia Jia, cuya madre ha caído enferma. Solicito con toda reverencia respuesta de los cuatro grandes santos: Fu Xi, el rey Wang, el duque Zhou y Confucio, para que desde su majestad se conmuevan y se manifiesten misteriosos. Si en forma infausta, así sea. Si fausta, fausta sea. Comience primero con el trigrama inferior.
Y, dicho esto, abrió el bote de bambú y dejó caer las monedas sobre una bandeja:
—¡Oh, maravilla! —exclamó—. El primer yao es nada menos que un jiao[4].
Luego repitió la operación. La segunda tirada descubrió un dan, y en la tercera apareció otra vez un jiao.
—Ya tenemos las tres líneas interiores —dijo recogiendo las monedas—. Ahora buscaremos la manifestación de las tres exteriores para completar el hexagrama.
Las tres líneas exteriores fueron dan, chai y dan.
Entonces Mao Banxian guardó el tubo con las monedas y tomó asiento de nuevo.