Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —SÃ, me acuerdo —respondió Jia Rong—. También Beiming, el paje de mi tÃo Baoyu, me dijo en cierta ocasión que Qingwen se habÃa convertido en la diosa de los Hibiscos del jardÃn y que después de la muerte de la prima Lin se oyó una música en las alturas, de modo que también a ella deben haberla encargado de las flores de ese lugar. Qué cosa tan espantosa. ¡Todos esos espÃritus y fantasmas en el jardÃn! Antes no importaba, pues el lugar estaba lleno de gente que iba y venÃa, y el espÃritu de la luz reinaba en él… Pero ahora está muy solitario y desolado. Tal vez al pasar por allà mi madre pisó alguna flor o se encontró con alguno de esos espÃritus. Por eso me parece que la interpretación del adivino es correcta.
—¿Dijo si habÃa algún peligro o se auguraban dificultades? —preguntó Jia Zhen.
—Anunció que el undécimo dÃa de las ramas terrestres todo mejorará, que en dos dÃas mi madre recuperarÃa la salud, o, mejor aún, pasados dos dÃas lo hará.
—¿Qué quieres decir?
—Pues que si el adivino tiene razón en todo lo que dijo, también usted caerá enfermo.
En eso alguien llamó desde los cuartos interiores:
—La señora desea levantarse e ir al jardÃn. ¡Sus doncellas no consiguen impedÃrselo!
Su esposo y su hijo consiguieron calmarla.