Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo Para entonces ya se habían enviado mensajeros a avisar a la familia Xia, que no hacía mucho había caído en la ruina y se había trasladado a la capital, ya que la viuda señora Xia echaba de menos a su hija. Tenía la señora Xia un hijo adoptivo, un bribón que había dilapidado la fortuna familiar y visitaba frecuentemente a la familia Xue. Jingui era demasiado veleidosa como para soportar la soledad nocturna de su alcoba, y la presencia cotidiana de Xue Ke despertaba en ella un apetito que no conseguía saciar, por todo lo cual había dado en poner los ojos en su hermano adoptivo. Pero éste, que era más bien obtuso, aún no había llevado a puerto su deseo, a pesar de que barruntaba lo que ella iba buscando. Jingui cada vez hacía más visitas al hogar materno, adonde llegaba cargada de dinero para su hermano adoptivo. Aquel día él estaba esperando la visita de Jingui, y la llegada de un sirviente de la familia Xue le persuadió de que había otro sustancioso regalo esperándole. Ahora bien, cuando lo que escuchó de labios del sirviente fue el anuncio de la muerte por envenenamiento de Jingui empezó a dar agresivos alaridos, completamente fuera de sí. Y su madre empezó a gritar más fuerte.
—¡Mi hija entró en esa casa en perfecto estado de salud! —aullaba entre lágrimas—. ¿Por qué ha muerto envenenada?