Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Vengo de la capital para hacer una ronda de inspección, y por azar he pasado por aquÃ. Al verlo meditando tan apaciblemente tuve el convencimiento de que usted tendrÃa una profunda comprensión del Tao y por eso me tomo la libertad de pedirle consejo.
—«Venimos desde un lugar predestinado; a un lugar predestinado vamos.» —Fue la respuesta del taoÃsta.
Consciente de que no estaba ante un sacerdote cualquiera, Yucun hizo una reverencia profunda y preguntó:
—¿Dónde aprendió la práctica de la virtud, venerable maestro? ¿Y por qué permanece aquÃ? ¿Cuál es el nombre de este templo? ¿Y cuánta gente se aloja en él? ¿Acaso no hay montes sagrados donde podrÃa ejercitarse en la práctica de la perfección? Y si persigue obras virtuosas, ¿por qué no busca un sitio más accesible?
El taoÃsta respondió:
—Una calabaza es para mà refugio suficiente; ¿para qué buscar montes sagrados? El nombre de este templo hace mucho tiempo que está en la oscuridad; aun en ruinas permanece, como la forma y la sombra se siguen, ¿por qué habrÃa de pedir limosnas para hacer reparar sus paredes? ¿Acaso crees que soy como el jade del cofre que quiere alcanzar un buen precio; como el alfiler del joyero que muy alto espera volar[2]? Nada de eso tiene que ver conmigo.