Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo Los guardias del emperador irrumpen
en la mansión Ning.
Un censor imperial denuncia al prefecto de Ping’an.
Jia Zheng estaba atendiendo a sus invitados en el salón de la Gloria y la Felicidad cuando en eso entró Lai Da, muy agitado.
—Señor, han venido el comisionado Zhao, de la Guardia Imperial, y varios de sus oficiales —anunció—. Cuando les pedí la invitación formal, el comisionado me respondió: «No hace falta invitación formal; tu señor y yo somos viejos amigos». Entonces se apeó de su carruaje y se introdujo directamente en el pabellón de entrada. Por favor, señor, salgan rápido a su encuentro, usted y los jóvenes señores.
Jia Zheng, que nunca había tenido tratos con el comisionado, no entendía qué hacía allí si no había sido invitado. La presencia de sus huéspedes le impedía atenderlo, pero no hacerlo pasar al interior habría sido una imperdonable incorrección.
Mientras reflexionaba sobre todo aquello, hizo su entrada su sobrino Jia Lian.