Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo Entonces Baoyu hizo un inmenso esfuerzo por llorar y pensó: «¡Que una muchacha como Yuanyang haya muerto de esta manera…! Es justo en muchachas como ella, en las que se manifiesta el alma del cielo y de la tierra. Ha encontrado su lugar para morir. ¿Cuál de los hijos o nietos de la Anciana Dama podremos compararnos con ella, si somos todos sucias criaturas?». Aquella reflexión le levantó el ánimo.
Baochai habÃa oÃdo el llanto de Baoyu, pero cuando llegó a su lado ya estaba sonriendo.
—Es mala señal —exclamaron Xiren y las demás—. Está volviendo a perder la razón.
—No te preocupes —dijo Baochai—. Tiene sus razones.
Aquello deleitó a Baoyu, quien pensó: «Después de todo, ella me comprende. Las demás no».
En ese ensueño loco estaba Baoyu cuando entraron Jia Zheng y algunos más.
—¡Qué gran muchacha! —exclamó Jia Zheng con admiración—. El amor que la Anciana Dama sintió por ella no fue en vano.
Jia Zheng le dijo a Jia Lian: «Anda y manda comprar un ataúd inmediatamente y que tenga un buen entierro. Mañana el féretro debe acompañar al cortejo de la Anciana Dama y podrá permanecer en el templo detrás del de ella. Es lo que hubiera deseado».