Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo Tras leer aquello, Baoyu pensó: «Aquí voy a poder preguntar sobre causas y efectos, y sobre pasado y futuro». En eso vio a Yuanyang de pie, a lo lejos, haciéndole señales con la mano. «Viaje tan largo para seguir en el jardín —pensó—. Pero ¿por qué ha cambiado tanto?» Quería hablar con ella pero, en un instante, ella desapareció. Y de pronto sintió cierta inquietud. Se dirigió hacia el lugar donde la había visto, y se encontró una hilera de salas auxiliares, cada una con una inscripción. Como no estaba de humor para leer las inscripciones, acudió directamente al lugar de aparición de Yuanyang. La puerta de esa sala estaba entreabierta, y, como no deseaba importunar, decidió pedir autorización al monje. Pero cuando se volvió, él monje había desaparecido. Miró sorprendido el espléndido salón qué no se parecía a ninguno de, los del jardín, y levantó la cabeza para leer la inscripción «Iluminación para los insensatos apasionados». El pareado de ambos lados decía:
Alegría y risas, dolor y llantos son igualmente falsos.
Deseos y búsquedas, anhelos y admiraciones son todos locura.