Sueño en el pabellón rojo

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Luego, ordenó la distribución de té, aceite, velas, escobillas de plumas y escobas, e hizo repartir manteles, antimacasares, cojines, alfombrillas, escupideras, banquitos y otros muebles. En el curso del reparto iban siendo cuidadosamente anotados en el registro los sirvientes que estaban a cargo de cada lugar y los artículos que cada uno se llevaba consigo.

Ahora que todos los criados tenían sus respectivas tareas ya no podían elegir los trabajos fáciles y dejar los difíciles sin hacer, ni se producían hurtos como consecuencia de la confusión. Sin importar cuántos visitantes hubiera, todo marchaba sobre ruedas; no como antes, cuando la misma doncella que servía el té tenía que traer también el arroz, o el que acompañaba los duelos también tenía que recibir a los recién llegados. Aquel día terminó el desorden, y con él la negligencia y las sustracciones. A Xifeng, por su parte, le resultaba muy gratificante la nueva autoridad que blandía.

Como La señora You estaba enferma y Jia Zhen había perdido el apetito a causa del dolor, Xifeng hacía traer diariamente de la otra mansión delicadas sopas de arroz y otros bocados exquisitos especialmente preparados para ellos. En compensación, Jia Zhen ordenó que a ella le fuera servida cada día la mejor comida.


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