Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo Y, con mirada súbitamente endurecida, ordenó llevar fuera a la mujer y que se le administraran veinte varazos de bambú; luego, mostrando la tarja de la mansión Ning, ordenó a Laisheng que se le descontara el sueldo de un mes. Cuando los demás vieron el ceño terriblemente fruncido de Xifeng, y lo que acababa de hacer, no volvieron a arrastrar los pies para cumplir sus órdenes.
Con los veinte varazos en el cuerpo, la sirvienta castigada todavía tuvo que volver a hacer un koutou ante Xifeng, quien advirtió a los criados:
—Cualquier nuevo retraso que se produzca mañana será castigado con cuarenta varazos, y con sesenta al día siguiente; quien quiera recibir una paliza ya sabe lo que tiene que hacer.
Dicho lo cual les mandó retirarse, mientras la mujer apaleada se escabullía llena de vergüenza.
Después de estas palabras, la gente que estaba escuchando detrás de las ventanas volvió rápidamente a sus tareas. Empezó entonces un sostenido flujo de domésticos de ambas mansiones que llegaban a entregar o solicitar pedidos de almacén.
Los sirvientes de la mansión Ning, después de esa demostración de severidad, trabajaron duramente y, por si acaso, no se atrevieron a desatender sus tareas en ningún momento. Pero acabemos con este tema y volvamos a Baoyu.