Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Estas cifras están equivocadas. Volved cuando hayáis hecho bien la cuenta.
Los dos mayordomos se retiraron abochornados.
Luego llegó la esposa de Zhang Cai, que le entregó un formulario diciendo:
—Ya están listas las cubiertas para los carruajes y las sillas de manos, y ahora vengo por el dinero para el sastre.
Xifeng ordenó a Caiming que asentara ese dinero en el libro, y cuando la esposa de Wang Xing hubo devuelto la tarja y entregado el recibo del contable por la suma correcta, la esposa de Zhang Cai fue enviada a recoger el dinero. Otro pedido de papel para empapelar el estudio exterior de Baoyu fue leÃdo y anotado.
Una vez que la esposa de Zhang Cai dio por concluido el asunto que la habÃa llevado a la mansión Ning en busca de su señora Xifeng, devolvió la tarja y regresó a la otra mansión mientras la otra sirvienta salÃa a recoger el papel necesario.
Xifeng, por fin, pudo dirigirse a la portera.
—Si hoy llegas tarde tú, y mañana lo hago yo, pronto no quedará nadie aquÃ. Me gustarÃa pasar por alto tu falta; pero si perdono la primera, las demás no tardarán en tomarse las mismas libertades. Por eso me veo obligada a darte un escarmiento como ejemplo para todos.