Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —¡Estoy de enhorabuena! —gorjeó—. Estaba hace un rato lavando ropa en el patio cuando el señor Baoyu decidió enviar un poco de té a la señorita Lin, y Xiren me hizo el encargo. Resulta que la Anciana Dama habÃa enviado a la señorita algún dinero, y ésta lo estaba repartiendo entre las doncellas. Al verme me dio dos puñados de monedas. No sé cuánto habrá en total. ¿PodrÃas guardármelo?
Y desatando las cuatro esquinas de su pañuelo dejó caer las monedas. Xiaohong fue contándolas:
—Cinco, diez, quince…
Y luego las guardó.
—¿Cómo te has sentido estos últimos dÃas? —preguntó Jiahui.
Y luego añadió:
—Sigue mi consejo y vete a tu casa un par de dÃas. Que te vea un médico y te recete alguna medicina; seguro que te sentirás mejor.
—¡Vaya idea! —replicó Xiaohong—. Estoy perfectamente. ¿Por qué tendrÃa que irme a mi casa?
—Bueno, entonces, como la señorita Lin es tan delicada que siempre está tomando medicinas, pÃdele a ella algún remedio. Eso también servirÃa. Has perdido el apetito, ¿qué te pasa?
—¡TonterÃas! ¿Cómo se pueden tomar las medicinas de esa manera?