Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —No sirve de nada molestarse con ellas —replicó Xiaohong—. Como dice el proverbio, «Hasta el festÃn más largo se acaba». Ninguna de nosotras permanecerá aquà toda la vida. Dentro de unos cuantos años todas seguiremos nuestros propios caminos. Y cuando ese momento llegue, ¿quién se preocupará de su prójimo?
Sus palabras llenaron de lágrimas los ojos de Jiahui, pero como no querÃa dar la impresión de que lloraba sin motivo esbozó una sonrisa.
—Eso es cierto, claro está —coincidió—, pero ayer mismo el señor Baoyu hablaba de cómo iba a reordenar los cuartos y de la ropa nueva que piensa hacerse, como si nos quedaran cientos de años por delante en esta casa.
Xiaohong se rió con sarcasmo. Antes de que pudiera empezar a hablar entró una pequeña doncella que todavÃa no se habÃa dejado crecer el cabello. TraÃa dos hojas de papel y unos patrones de bordado.
—Aquà tienes dos patrones para que los calques —dijo lanzándoselos a Xiaohong.
—¿Quién los envÃa? —preguntó Xiaohong a la niña, que se marchaba corriendo—. ¿No puedes terminar lo que tienes que decir antes de salir corriendo? ¿Acaso se te va a enfriar él pan?
—¡Los manda Yixian! —gritó la niña por la ventana, y continuó su galope.