Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo Xiaohong arrojó irritada los patrones y el papel a un lado y se puso a rebuscar un pincel en sus cajones, pero no encontró ninguno con la punta fina.
—¿Dónde dejé el pincel nuevo que utilicé el otro día? —murmuró—. No recuerdo… Ah, claro. Anteanoche lo presté a Yinger.
Y volviéndose a Jiahui le pidió que fuera por él.
—Ve tú misma —le dijo Jiahui—. Xiren me espera para que la ayude a cambiar unas cajas de sitio.
—¿Y si eso fuera verdad estarías aquí de cháchara? ¡Dices que te espera sólo porque te he pedido un favor, bestezuela!
Y, diciendo esto, Xiaohong salió del patio Rojo y Alegre y se dirigió a los aposentos de Baochai, pero al ver a la nodriza de Baoyu en el pabellón de la Fragancia que Rezuma, se detuvo.
—¿Dónde va, ama Li? —le dijo saludándola con una sonrisa—. ¿Qué la trae por aquí?
La anciana se detuvo y dio una palmadita.
—¿Por qué le habrá tomado tanto cariño a ese plantador de árboles, hermano Yun, o Yu[1], o como se llame? —rezongó la nodriza—. No quiso otra cosa sino que le trajera a ese tipo. Habrá problemas cuando el señor se entere.
—¿Pero es que tiene usted que concederle todos sus caprichos?