Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —¿Y qué otra cosa puedo hacer?
—Si ese joven tiene algún sentido común no vendrá.
—¿Acaso está loco, para negarse?
—Pues si viene hágalo entrar con usted y no lo deje por ahà vagando a su aire.
—No tengo tiempo para cuidar de él. Me he limitado a hacerle llegar el mensaje. Mandaré a una de las chicas o a alguna matrona para que lo acompañe y le enseñe el camino.
Dicho lo cual, el ama partió tambaleándose sobre su bastón.
En lugar de partir en busca de su pincel, Xiaohong se quedó allÃ, perdida en sus cavilaciones, hasta que llegó una doncella a preguntarle qué hacÃa. Era Zhuier, y Xiaohong le devolvió la pregunta:
—¿Dónde vas?
—Me han encargado que traiga al señor Yun —contestó Zhuier, y salió corriendo.
Cuando regresó con Yun, Xiaohong ya estaba en el puente de la Cintura de Avispa. Él la miró de soslayo, y también ella, so pretexto de hablar con Zhuier, le lanzó una furtiva mirada. Al encontrarse las miradas ella se sonrojó, se dio la vuelta rápidamente y echó a andar en dirección al parque de las Alpinias.