Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo Jia Yun siguió a Zhuier por serpenteantes senderos hasta llegar al patio Rojo y Alegre, donde ella se le adelantó para anunciar su llegada. Luego lo condujo al interior. El joven tuvo tiempo de escudriñar el patio, las rocas artificiales separadas por plátanos, y dos cigüeñas alisándose el plumaje de las alas bajo un pino. Jaulas de formas diversas que contenían toda suerte de pájaros exóticos pendían de la galería que rodeaba el patio. El aposento de cinco habitaciones que veía ante él lucía calados de ingeniosos dibujos, y sobre la puerta había una tablilla con la inscripción «Rojo Alegre y Delicioso Verde».
«Por eso lo llaman patio Rojo y Alegre —pensó—. El nombre procede de esta inscripción.»
Detrás de la gasa de la ventana oyó una risa y una voz que exclamaba:
—¡Adelante! ¡Entra deprisa! ¿Cómo he podido olvidarte durante dos o tres meses?