Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo Por toda respuesta, Daiyu reemprendió su camino. Baoyu suspiró a sus espaldas.
—¿Por qué han cambiado tanto las cosas entre nosotros? Ahora no es como antes.
Las palabras de Baoyu consiguieron que Daiyu se detuviera de nuevo.
—¿«Ahora»? ¿«Antes»? ¿Qué quieres decir?
Baoyu suspiró de nuevo.
—¿Acaso no fui tu compañero de juegos cuando llegaste aquí? —preguntó—. Cualquier cosa que fuera de mi agrado era también tuya con sólo pedirla. Si me enteraba de que te gustaba uno de mis platos favoritos, lo guardaba en un sitio limpio hasta tu llegada. Comíamos en la misma mesa y dormíamos en la misma cama. Yo me ocupaba de que las doncellas no hiciesen nada que pudiese molestarte, pues pensaba que los primos que crecen juntos tan estrechamente deben mostrarse más cariño que los demás. Nunca pude suponer que con el tiempo llegarías a ser tan arrogante que yo no valdría nada para ti, mientras prodigas tu cariño a extraños como Baochai y Xifeng. Hace ya tres o cuatro días que no me haces caso o me dejas de lado. No tengo hermanos o hermanas realmente míos; sólo dos, que son hijos de otra madre, como bien sabes. Soy un hijo único, como tú, y pensé que eso sería motivo de afinidad entre nosotros, pero al parecer mis deseos han sido inútiles. Y no puedo decirle a nadie lo desgraciado que me siento.