Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —¡Calla! No hables más de morir bajo la pura luz del dÃa. ¿Lo hiciste o no? Sólo tienes que contestar sà o no.
—Te digo sinceramente que nada sabÃa de tu llegada. Baochai vino a charlar un rato, pero no se quedó mucho tiempo.
—Sà —dijo Daiyu, de mejor humor, después de un momento de reflexión—, supongo que tus doncellas se sintieron demasiado perezosas y, como no se quisieron mover, contestaron a mi llamada con descortesÃa.
—Seguro que eso fue lo que ocurrió. En cuanto vuelva le echaré una buena reprimenda a la responsable.
—SÃ, sin duda todas tus doncellas lo merecen, aunque no es a mà a quien toca decidir esos asuntos. No importa si me ofenden a mÃ, ¡pero imagina los problemas que acarrearÃa su conducta si la próxima vez ofenden a la muchacha preciosa Bao o Bei, o como se llame[1]!
Y diciendo esto, apretó los labios para sonreÃr. Baoyu no supo si rechinar los dientes o reÃr.
En ese momento fueron llamados a comer y emprendieron juntos el camino hacia los aposentos de la dama Wang, que al ver a Daiyu le preguntó:
—¿Te sientes mejor, después de haber tomado la medicina del doctor Bao?