Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Quizás no lo sabe, señora —intervino Baoyu—. La prima Lin sufre una debilidad congénita y es de constitución tan delicada que no soporta el más pequeño enfriamiento. Pero eso lo arregla con un par de dosis. Lo mejor que puede hacer es tomar unas pÃldoras.
—El médico nos dio el otro dÃa el nombre de una de esas pÃldoras —dijo la dama Wang—, pero ahora no lo recuerdo.
—Creo que yo sà lo sé —exclamó Baoyu—. Me parece que son simples pÃldoras de ginseng. —No, no eran pÃldoras de ginseng.
—Entonces serÃan pÃldoras de Leonuro de los Ocho Tesoros, o Reconstituyente Izquierdo, o quizás Reconstituyente Derecho. ¿O serÃan pÃldoras de los Ocho Sabores?
—No, no, no era ninguna de ésas. Sólo recuerdo que contenÃan las palabras Sutra Diamante.
Baoyu aplaudió y se echó a reÃr.
—¡Nunca he oÃdo hablar de pÃldoras Sutra del Diamante, pero si existen, entonces también deben existir polvos Bodhisattva!
Las palabras de Baoyu provocaron en el cuarto una carcajada general.
Intentando reprimir una sonrisa, Baochai sugirió:
—¿No serÃan pÃldoras Fortalece el Corazón del Rey de los Cielos?
—¡Asà se llamaban! —exclamó la dama Wang—. Decididamente, me estoy volviendo boba.