Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —No diga eso, señora —protestó su hijo—. Lo que ocurre es que tanto sutra y tanto bodhisattva le están revolviendo la cabeza.
—¿No te da vergüenza? —le riñó ella—. Si tu padre estuviera aquà te darÃa una paliza.
—Mi padre no me pegarÃa por una cosa asÃ.
—Bueno —atajó la dama Wang—, puesto que sabemos el nombre de las pÃldoras, mañana mismo enviaremos a que compren.
—Todos esos remedios no sirven para nada —protestó Baoyu—. Si me da trescientos sesenta taeles de plata yo mismo fabricaré unas pÃldoras para mi prima, y garantizo que estará curada antes de tomarlas.
—¡Pero qué barbaridad! —exclamó la dama Wang—. ¿Qué pÃldoras pueden costar tanto?
Baoyu se rió.