Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo Cuando las palabras de la Anciana Dama llegaron a Baoyu y a Daiyu, ambos, que desconocían el proverbio citado por la anciana, se dieron a meditar acerca de su significado con la cabeza agachada y los ojos anegados en lágrimas. Cierto que continuaban separados: una llorándole a la brisa en el refugio de Bambú, el otro suspirándole a la luna en el patio Rojo y Alegre; pero, a pesar de su separación, sus corazones eran uno.
Xiren reprendió a Baoyu:
—Es culpa suya. Antes criticaba a los muchachos que disputaban con sus hermanas, o a los hombres que reñían con sus esposas, y los consideraba demasiado estúpidos para comprender el corazón de las muchachas. Ahora es usted mismo quien se comporta de esa manera. Pasado mañana, el día cinco, se celebrará la fiesta, y si ustedes dos siguen lanzándose dardos con la mirada la Anciana Dama se enfadará aún más y nadie estará tranquilo. ¡Olvide su disgusto y pida perdón! Lo pasado, pasado está. ¿No sería mejor para los dos?
Sabrán si Baoyu siguió o no el consejo de Xiren escuchando el siguiente capítulo.