Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo Aunque yo misma carezca de talento, tengo la fortuna de vivir entre rocas y fuentes, y admiro los pulidos versos de Baochai y Daiyu. Sería una lástima desaprovechar la oportunidad de invitar a los poetas a un festín en un patio fresco o en un pabellón iluminado por la luna a componer poemas y beber bajo el albaricoquero que sostiene el rótulo de la taberna, junto al arroyo de los Duraznos. ¿Por qué el genio de la Sociedad del Loto[2] ha de limitarse a los hombres? ¿Por qué han de ser excluidas las muchachas de reuniones como aquellas famosas de las colinas del Este[3]?
Si accedes a venir, barreré los pétalos del sendero para esperarte[4].
Escrito con todo respeto.
Cuando terminó de leer, Baoyu, muy contento, dio una palmada.
—¡Pero qué culta se ha vuelto la tercera hermana! —dijo riendo—. Iré ahora mismo a discutir este asunto con ella.
Dicho lo cual se puso en marcha delante de Cuimo; cuando llegó al pabellón de la Fragancia que Rezuma se le acercó la criada que estaba de guardia en la puerta trasera del jardín con otra carta en la mano. Ya frente a él, dijo la criada:
—El señor Yun le envía sus respetos. Está esperando en la puerta trasera y me ha pedido que le entregue esta carta.