Homo Deus
Homo Deus Las antiguas religiones y sistemas de pensamiento solían asociar la felicidad con el sacrificio, la renuncia o la armonía con un orden cósmico. El sufrimiento tenía sentido, la tristeza era parte de un propósito divino. En cambio, el pensamiento moderno coloca la felicidad en el centro del proyecto humano. La ciencia, la economía y la política se reorientan hacia el bienestar. Las universidades estudian la psicología del placer, los gobiernos diseñan políticas públicas en función de encuestas de satisfacción y las empresas desarrollan productos no para satisfacer necesidades básicas, sino para provocar placer y autorrealización.
La economía del siglo XXI ya no gira en torno a la producción de bienes esenciales, sino a la creación de experiencias agradables. Las personas no compran comida para saciar el hambre, sino para disfrutar del sabor; no adquieren casas para protegerse del frío, sino para decorar con estilo; no buscan empleos solo para sobrevivir, sino para sentirse realizados. La felicidad, entonces, se convierte en una industria. Desde aplicaciones móviles hasta terapias neuronales, todo apunta a maximizar sensaciones positivas y minimizar el sufrimiento emocional.