La Charca
La Charca —¡Es terrible tener que aguardar a los siglos futuros para resolver problemas!
—En la vida de los pueblos, un siglo es un minuto. La constancia y el tiempo conquistan el mundo. Si ese problema ha de ser resuelto, vendrán olas de nueva vida, torrentes de extraño vigor, prodigalidad de previsores cruces étnicos, los alientos, la vitalidad que aquà faltan, el medio ambiente de libertad sincera y honrada que no se tiene. Vendrá la savia de una alimentación positiva que en el equilibrio funcional no produzca déficit; vendrá, por todos los medios, la escuela obligada, la vacuna impuesta, la higiene forzosa, la defensa imperiosa contra los agentes atmosféricos y telúricos; el servicio militar, que convierte al débil recluta en robusto veterano; el fomento de la caza, que hace sacudir la molicie y premia la agilidad; la necesidad de indumentaria que despierta rubor por la desnudez; el fomento de cultivos alternantes que permitan sana variedad alimenticia; el estÃmulo que inicie una urbanización reglamentada, lógica, sana, barata, y, sobre todo, vendrá la mano piadosa que arrebate a estas gentes el veneno lento, el miserable enemigo de la salud, de su paz, de su redención… ¡el alcohol!
—Pero ¿y la Iglesia, hombre? ¿Dónde me deja usted la Iglesia?