La Charca
La Charca Y asà diciendo, Juan se erguÃa, enardecido, elocuente, formulando los conceptos con profunda convicción, como quien abriga la seguridad de convencer a los demás.
El padre cura, en tanto, movÃase impaciente en su asiento o paseábase por la habitación; a veces, poniéndose muy serio; a veces, sonriendo desdeñosamente. ¡Qué tanta fanfarria! ¿Adónde se irÃa a parar si para saber lo que padece el enfermo hubiera que preguntárselo a los abuelos comidos ya por los gusanos? Aquel modo de discurrir estaba fuera de la realidad. Ni más ni menos que el problema del cuento: ¿quién fue primero, el huevo o la gallina? Vamos, la cosa no era tan ardua. Enseñanza, cultura, prédicas, buen ejemplo: he ahà el modo de domar la fiera.
—Porque tampoco es cosa de abandonarles —decÃa—. Es forzoso hacerles entrar en cauce, es menester encaminarles de algún modo…
—SÃ; pero ese modo debe ser eminentemente humano y eminentemente fÃsico.
—Mucho habrá que rebuscar para descubrir la droga que opere el milagro.
—No tanto…, aunque la redención tiene que ser lenta.
—Pero habrá que iniciarla algún dÃa, supongo.
—SÃ, para que se consuma a la larga.