El dinero
El dinero Allí estaba, después del desastre que en octubre le obligó a liquidar sus asuntos, vendiendo su hotel del parque Monceau para alquilar un apartamento. Ya sólo le saludaban los Sabatanis al entrar en un restaurante donde había imperado; las cabezas no se volvían, ni se tendían a él las manos, como antes. Pero era buen jugador y sabía no experimentar rencor alguno, tras aquel último negocio de los terrenos, escandaloso y desastroso, del que escasamente había salvado el pellejo.