El dinero
El dinero Pero tropezó con la razonable mirada de Carolina que también sonreía, escéptica e incluso disgustada, haciendo que se avergonzara de su entusiasmo:
—No importa, amigo Hamelin, convendrá que mantengamos en secreto la coronación del edificio, como usted la llama. Se burlarían de nosotros. Nuestro programa está ya sobradamente recargado y bueno será reservar las consecuencias finales, la gloriosa conclusión, para los iniciados.
—Ciertamente, ésta fue siempre mi intención —declaró el ingeniero—. Ahí residirá el misterio.
Y aquel día, con tales palabras, quedó definitivamente resuelta la exploración de la cartera y la puesta en marcha de la enorme serie de proyectos. Empezarían por crear una modesta casa de crédito para el lanzamiento de los primeros negocios, y luego, con un poco de suerte, se adueñarían poco a poco del mercado, para terminar conquistando el mundo.
Al día siguiente, Saccard subió a casa de la princesa de Orviedo, para recibir órdenes con motivo de la Obra del Trabajo, y recordó el sueño que en ciertos momentos acarició: ser príncipe consorte de aquella reina de la caridad, como simple distribuidor y administrador de la fortuna de los pobres.