El dinero
El dinero —Vea, aquà tiene una muestra. Un recaudador de rentas instalado en Vendôme, cierto señor Fayeux… Pues bien, no tiene usted idea de la cantidad de órdenes que recibo de este corresponsal. Son, sin duda, de poca importancia, por proceder de pequeños burgueses, humildes comerciantes y granjeros. Pero hay que considerar la cantidad. En realidad, lo mejor de nuestras casas, sus mismos cimientos, están constituidos por jugadores modestos, por la inmensa multitud anónima que juega.
Por una asociación de ideas, Saccard recordó a Sabatani ante la taquilla de caja.
—¿Asà que ahora cuenta con Sabatani? —preguntó.
—Hace un año, me parece —respondió el agente con gesto de amable indiferencia—. Es un buen muchacho, ¿no cree? Empezó humildemente, pero es de mucha prudencia y me figuro que llegará lejos.