El dinero
El dinero Lo que no decía y tal vez ni siquiera recordaba, era que Sabatani había depositado en su casa solamente una cobertura de dos mil francos, cosa que explicaba su inicial moderación en el juego. Quizás el levantino, como tantos otros, esperaba que fuese olvidada la mediocridad de su garantía, dando entretanto muestras de prudencia, al no aumentar más que en forma gradual la importancia de sus órdenes, en espera del día en que se viese complicado en una gran liquidación, momento en que desaparecería. ¿Cómo era posible mostrar desconfianza frente a un joven encantador que se había convertido en un amigo? ¿Cómo dudar de su solvencia, cuando se le veía alegre y opulento, vestido con la indispensable elegancia que venía a ser el obligado uniforme para robar en la Bolsa?
—Es muy gentil, muy inteligente —confirmó Saccard, que de pronto adoptó la resolución de contar con Sabatani el día en que hubiera de menester un muchacho discreto y sin escrúpulos.
Luego, se puso en pie para despedirse.
—Entonces, adiós… Cuando nuestros títulos estén dispuestos, volveré a verle, antes de intentar que sean admitidos en la cotización.
Y cuando Mazaud, a la puerta de su gabinete, le estrechó la mano, diciendo:
—Hace mal en no ir a ver a Gundermann para su sindicato.