El dinero
El dinero —¿Y por qué no se toma un descanso? —preguntó Saccard. Gundermann volvió el rostro hacia él, mirándole estupefacto, y respondió ingenuamente:
—¡Porque no puedo!
En efecto, ni siquiera le dejaban beber tranquilo su tazón de leche, pues la recepción de corredores proseguÃa, cruzando ahora el desfile a través del comedor, mientras los miembros de la familia, tanto hombres como mujeres, acostumbrados a aquel barullo, reÃan, saciando su apetito con copiosos platos de carne frÃa y pasteles, y los niños, excitados por dos dedos de vino puro, promovÃan un alboroto ensordecedor.