El dinero
El dinero Al fin Gundermann se inclinó hacia Saccard e hizo que le explicase a media voz la proyectada creación del Banco universal. Primero se mostró parco en los detalles, aludiendo solamente a los proyectos de Hamelin, comprendiendo, desde sus primeras palabras, que el banquero pretendía sonsacarle cuanto pudiese, resuelto de antemano a despedirle en seguida.
—¿Otro banco, amigo mío? ¿Un banco más? —comentó con aire burlón—. Antes pondría dinero en otro negocio; en una máquina, en una guillotina para cortar el cuello a todos esos bancos que se fundan… Sí, una especie de rastrillo que limpiara la Bolsa. ¿No tiene nada de eso entre sus papeles, ese ingeniero?
Luego, fingiéndose paternal, con una tranquila crueldad, añadió:
—Vamos, sea razonable; ya sabe lo que le he dicho… Se equivoca, volviendo a los negocios; le hago un verdadero favor al negarme a lanzar su sindicato… Inevitablemente, dará la voltereta; es matemático. Es usted demasiado apasionado, tiene excesiva imaginación, y, además cuando se trafica con el dinero de los demás, todo acaba siempre mal. ¿Por qué no le da un buen cargo su hermano? Una prefectura o tal vez una oficina recaudadora… pero no, esto sería demasiado peligroso… No se fíe usted; desconfíe, mi buen amigo.
Saccard se había levantado, trémulo.