El dinero
El dinero —Es cosa decidida… ¿Asà que no quiere estar con nosotros ni toma ninguna acción?
—Con usted, ¡por nada del mundo!… Antes de tres años se lo habrán comido.
Hubo un silencio cargado de pugnas y un cambio de agudas miradas desafiantes.
—Entonces, buenas tardes… Aún no he almorzado y tengo mucha hambre… Veremos quién come a quién.
Y le dejó rodeado de su tribu, que se hartaba de pasteles entre gran algazara, recibiendo a los últimos corredores rezagados y cerrando a veces los ojos, vencido por el cansancio, mientras acababa de vaciar su tazón a pequeños sorbos, con los labios teñidos de blanco a causa de la leche.